Gracias a la tierra por el calor de su energía, a las plantas que nos dejan vivir respirando su regalo, y a la vida que se ha formado, crecido y evolucionado gracias a ellos. Gracias a nuestros maestros. Viejos que nos dan todo solo pidiendo que los dejemos darnos mas. Esos viejos que vivieron con la tierra, las plantas y la vida de una manera que nosotros a lo mejor nunca conoceremos. Y gracias a unos viejos en especial: a los viejos gaiteros que nos recibieron sin hacer pregunta alguna, nos contaron del amor por la gaita, y nos explicaron ese intenso sentimiento que tenemos por esta música que más allá de deleitar nuestros oidos, nos hace viajar a los montes de Bolivar, nos embriaga con ron y nos hace bailar la cumbia, porque la cumbia emociona. CE.